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Aun En Su Vejez Darán Frutos

Mi abuelo cumplió sus 87 años. Ya camina lento y la extensión de sus conversaciones no supera las 6 palabras. Su sentido del humor es el mismo y su esfuerzo por mantener la postura demuestra su fuerza y voluntad. El único nombre que recuerda sin esfuerzo es el de mi papá y no estoy segura si lo reconoce como hijo todos los días. No me malinterpreten, no es una queja. He aprendido a disfrutar de esta etapa. Cuando voy a su casa disfruto con sólo observarlo. Como fotógrafa, mi trabajo es mirar, así que me lleno de cómo se ven sus manos en la cintura y cómo mueve los dedos mientras mira hacia afuera en su balcón. En muy pocas ocasiones se da cuenta de que le observo y si de casualidad me descubre, sonríe. Me he esforzado en conservar recuerdos suyos en fotos y vídeos. Tengo un vídeo que tomé con el celular cuando aún hablaba del su pueblo natal y logré grabarlo mientras me contaba sobre las dos veces que veces que se libró de la guerra, estando ya en el barco y listo para pelear: “Dios ha sido más que bueno conmigo”, me dijo.

La Palabra de Dios nos demanda honrar a nuestros padres. Esta acción nos debe acompañar en todas las etapas de la vida.

Cuando somos niños, aprendemos a obedecer y siendo jóvenes aprendemos a dar cuentas de nuestras acciones aún en contra de nuestros deseos. En la adultez, se dan también esos escenarios de sanidad. Son muchos los cristianos que en este período son reconciliados con sus padres descubriendo así el hermoso regalo de la reconciliación y el perdón. No obstante, es necesario entender que nuestros padres envejecerán y que esa etapa traerá consigo retos que no pueden ser ignorados.

Mi esposo Elí y yo hemos visto partir a personas muy importantes en nuestras vidas. Si bien el dolor de esas pérdidas ha dejado huellas en nuestros corazones, debo decir también con toda seguridad que esos eventos han hecho que nuestro matrimonio alcance profundidad en asuntos que son, literalmente, de vida y muerte. Hemos tenido que hablar de la realidad de que uno de los dos partirá primero que el otro. También hemos conversado sobre lo que esperamos y quisiéramos para nuestra vejez y por supuesto, también hablado de la vejez de nuestros padres.

En el proceso, decidimos dar importancia a varios puntos importantes:

1. Es posible que nuestros padres envejezcan sin ser capaces de cuidarse a sí mismos y que por ende, debemos hacerlo nosotros, hasta el último día. En nuestro caso, tenemos a padres que han sabido dar el ejemplo al momento de honrar y amar a sus padres. En ambas familias, hemos visto cambiar pañales y perder noches enteras en el hospital, mientras nuestros abuelos(as) convalecían enfermos(as). Sabemos muy bien que es posible que llegue el momento, en que tengamos que hacerlo nosotros con ellos. Desde ya hemos comenzado a orar para que nuestro corazón tenga la misma entrega que han tenido nuestros padres al amar nuestros abuelos y abuelas. El ejemplo ha sido grandioso. Hemos aprendido a amarlos aún más. Me gusta mucho el verso que habla sobre la compañía de Dios en momentos de dolor y de postración en cama. Dios quiere usar nuestras manos para “mullir su cama en la enfermedad”

Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad – Salmo 41: 3 RVR 1960

2. Nosotros envejeceremos también. Aún no tenemos hijos, pero hemos decidido que si Dios nos bendice con ellos, les enseñaremos a respetar al anciano. Queremos que tengan una crianza consciente de lo que es la vida y sus etapas, incluyendo la vejez. En nuestro corazón está que sepan que algún día tendremos canas y que quizás olvidaremos sus nombres, pero que eso no significa que disminuya nuestro amor y nuestro valor. Queremos que se disfruten nuestra vejez y que atesoren el momento -si llegara- en que deban cuidar de nosotros. Ellos serán nuestra corona, de la misma manera que nosotros somos corona y honra a nuestros padres y abuelos.

Corona de los viejos son los nietos, Y la honra de los hijos, sus padres – Proverbios 17:6 RVR 1960

3. Seremos menos independientes. Además de hacer un plan financiero, Elí y yo ya sabemos que llegará el día en que no podamos caminar con la misma agilidad que antes. Tomamos la decisión de envejecer humildemente. No queremos ser altivos. Mientras pasan los años, nos esforzaremos en recordar que llegará el momento en que necesitaremos ayuda y que negarlo, sólo complicará el cuadro para nuestros familiares. Siempre que lo recordamos, oramos para que Dios nos enseñe a ser humildes en nuestra vejez.

Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová. – Proverbios 22:4 RVR 1960

4. La vida es corta. Hemos decidido dar importancia a lo que no perece. El único lugar donde somos indispensables e irreemplazables, es en la familia. Cualquiera puede ser fotógrafa, maestro o in ingeniero, pero nadie más ocupará nuestro lugar como hijos, hermanos o nietos. Nos tenemos ahora. Y ahora, es lo que cuenta. Vivimos hoy, preparándonos para nuestro futuro, pero no dependiendo de él.

Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos – Salmos 92:14 – NVI 

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