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Tus Marcas Son el Secreto del Triunfo

El saber que no hemos obtenido el triunfo o el prestigio en algo que nos hemos propuesto y empezado nos aterra.

La idea del fracaso es algo que se nos hace imposible soportar y tolerar. Pero, ¿quién ha dicho que usted y yo tenemos que tener éxito en todo lo que intentemos?

Eso es un modelo falso y fingido originado en el ser humano y no en el corazón de Dios. Hay un dicho popular que dice: “A la tercera va la vencida” y es que Dios se especializa en utilizar las ramas secas y sin vida para lograr el plan que originó desde un principio. Es cuando estamos muertos que el ‘pneuma’ de Dios surge para levantarnos y soplar sobre nosotros para producir las más distintiva melodía para deleitar a otros en sus situaciones.

El gran libertador supo desde pequeño que tenía un destino grande en Dios. ¿Qué se podía esperar de alguien que fue preparado en las mejores universidades del Nilo? ¿Qué se podía esperar de alguien que creció en el país de primera potencia? Alguien que obtuvo bachilleratos, doctorados y fue expuesto a las corrientes vanguardistas de pensamientos de su época. Alguien versado en toda clase de letras, en las artes y la música. La Biblia dice que Moisés se convirtió en un hombre grande en palabras y hechos. Se ganó el respeto de los egipcios y se hizo un nombre para sí mismo. Moisés fue un líder competente, intelectual, hábil, diestro y capaz. Manejaba muy bien los conocimientos políticos, económicos y militares de su país. Estaba lleno de poder, influencia y carisma. Era el sucesor al trono de su padre adoptivo. ¡Moisés, el orgullo de Egipto! Pero su futuro brillante no sucedió como el lo planificó. Su plan de ejercer desde el trono su rol de libertador fracasó. La muchedumbre no lo aclamó, ni le aplaudió la idea de un golpe de estado. Todo lo contrario, tuvo que huir y salir corriendo cuando su plan fue frustrado y no salió como esperaba. Tuvo que esconderse y borrar su identidad.

En su frustración, fue anegado de preguntas. ¿Realmente fui escogido? ¿Es la voluntad de Dios para mí esta carrera? ¿Cuál es mi destino? ¿En dónde puedo ser útil?

Moisés se aferró a la voluntad de Dios mas dejó afuera al Dios de la voluntad. El primer intento fue sin Dios y fracasó. El segundo intento fue ordenado por Dios y tuvo éxito. ¿Qué cosas has empezado a tu modo y han fracasado? ¿Qué cosas has construido a tu manera para luego verlas derrumbarse? ¿Qué cosas ha comenzado Dios en tu vida y han tenido éxito?

¡No te rindas! Pasaron algunos 40 años cuando Dios aparece una vez más en el panorama de Moisés para darle una oferta “Ve y liberta a mi pueblo”. Muchas veces cuando fallamos en nuestro primer intento nuestro instinto nos lleva a retirarnos a un desierto, a una cueva o al destierro pero es allí donde somos procesados y transformados para salir a la luz. No permitas que estas emociones te descalifiquen, míralas como indicativos de que te estas vaciando para llenarte de lo nuevo de Dios para tu vida. Moisés tuvo que experimentar el fracaso, la decepción, la desilusión y la derrota en sí mismo antes de poder ser el libertador de sus hermanos, los israelitas. Tuvo que experimentar la inseguridad y la insuficiencia antes de cualificar para la tarea asignada. El fracaso muchas veces puede ejercer la función de un educador excepcional, aunque sea un proceso doloroso. ¡No le huyas! ¡Abrázalo y permite que te devuelva otra oportunidad!

Recuerda que el éxito es el poder que nos mueve de un fracaso a otro sin perder el entusiasmo. Jesús no escondió sus marcas. Jesús exhibió sus marcas y fueron expuestas públicamente acompañadas de burlas, acoso y blasfemia. Pero de lo mas profundo de la tierra, de lo más bajo, fue impulsado y exaltado a los más alto y se le dio un nombre sobre todo nombre.

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